sábado, 3 de julio de 2010

Me doy permiso para

experimentar el beneficio tranquilizador y balsámico del silencio respecto del ruido, del sobreexceso de estímulos exteriores en que vivimos inmersos y que sobrecargan el sistema nervioso produciendo agotamiento de mente y cuerpo.

Desobedezco jubilosamente, -y de forma consciente- el aluvión de órdenes exteriores que quieren convertirme en un simple ser consumista afanoso por atrapar y poseer espejismos.

Me acostumbro a decir "no", sonriendo por dentro y respondiendo sin agresividad reactiva. No entro en el juego. No.


Joaquín Argente

Me doy permiso para

no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.

Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo. Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.

Joaquín Argente

jueves, 1 de julio de 2010

Me doy permiso para

aceptarme plenamente con lo que parecen contradicciones: me permito amar y ser amado pero no soy perfecto ni santo. En consecuencia aprendo a poner límites a ciertas actitudes mías o de las otras personas. Decido mantener un doble proceso con el mundo: el de apertura y confianza y el de saber que eso mismo en exceso no sería bueno para mí ni para nadie.

Los otros también aprenden cuando yo pongo límites. Y un contacto verdadero sólo es posible cuando hay posibilidad de rechazo verdadero.

Pongo límites con la mayor economía de medios y sin necesidad de agredir.

Joaquín Argente

Me doy permiso para

estar completamente abstraído o ensimismado siempre que necesite retraerme.

Me permito cuantos momentos de interiorización y calma crea necesarios.

Los otros tendrán que aceptar -es su problema- mi no disponibilidad permanente.

Joaquín Argente

Me doy permiso para

no "engancharme" con personas que tienden a los comentarios maliciosos y sarcásticos: personas que cuando hablan intentan provocar o humillar. Ese es su problema, no el mío. Es su problema: el de conseguir que les presten atención por medio del respeto y la belleza y no con actitudes provocadoras contaproducentes.

Yo me permito ignorarlas: no he de salvarlas de su proceso autodestructivo. Están fuera de mi vida.

Joaquín Argente

Me permito no ser

una persona abnegada, que todo lo da por los otros sin esperar nada a cambio.

Con esa actitud de abnegación no me hago bien a mí mismo, ni les hago bien a los demás, porque, en parte, los convierto en inválidos, en incapaces.

Me permito reconocer que las grandilocuentes afirmaciones de quienes dicen darlo todo sin esperar nada a cambio son ficciones, engaños y autoengaños.

Me permito relajarme: dar menos y también exigir menos.

Joaquín Argente

Me doy permiso para

rechazar toda autoridad y a toda figura de autoridad sin antes digerir yo mismo, en mi interior, sus afirmaciones y conducta.

En primer lugar he de comprobar si a mi organismo le sientan bien esas palabras o esos actos realizados por los que se atribuyen el monopolio de la posesión de la verdad.

Lo "malo" o lo "bueno" lo decido yo desde mi interior y mi reflexión. Intentando ser honesto conmigo mismo antes que con nadie.

El que se somete a una autoridad exterior se convierte en un esclavo, o en un permanente niño sojuzgado por aquellos en quienes ha depositado su libertad y su capacidad de decidir. Elijo ser libre.

Joaquín Argente