rechazar toda autoridad y a toda figura de autoridad sin antes digerir yo mismo, en mi interior, sus afirmaciones y conducta.
En primer lugar he de comprobar si a mi organismo le sientan bien esas palabras o esos actos realizados por los que se atribuyen el monopolio de la posesión de la verdad.
Lo "malo" o lo "bueno" lo decido yo desde mi interior y mi reflexión. Intentando ser honesto conmigo mismo antes que con nadie.
El que se somete a una autoridad exterior se convierte en un esclavo, o en un permanente niño sojuzgado por aquellos en quienes ha depositado su libertad y su capacidad de decidir. Elijo ser libre.
Joaquín Argente
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