sábado, 3 de julio de 2010

Me doy permiso para

experimentar el beneficio tranquilizador y balsámico del silencio respecto del ruido, del sobreexceso de estímulos exteriores en que vivimos inmersos y que sobrecargan el sistema nervioso produciendo agotamiento de mente y cuerpo.

Desobedezco jubilosamente, -y de forma consciente- el aluvión de órdenes exteriores que quieren convertirme en un simple ser consumista afanoso por atrapar y poseer espejismos.

Me acostumbro a decir "no", sonriendo por dentro y respondiendo sin agresividad reactiva. No entro en el juego. No.


Joaquín Argente

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