experimentar el beneficio tranquilizador y balsámico del silencio respecto del ruido, del sobreexceso de estímulos exteriores en que vivimos inmersos y que sobrecargan el sistema nervioso produciendo agotamiento de mente y cuerpo.
Desobedezco jubilosamente, -y de forma consciente- el aluvión de órdenes exteriores que quieren convertirme en un simple ser consumista afanoso por atrapar y poseer espejismos.
Me acostumbro a decir "no", sonriendo por dentro y respondiendo sin agresividad reactiva. No entro en el juego. No.
Joaquín Argente
No hay comentarios:
Publicar un comentario