separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia. No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer, ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento, fuera de mi vida.
Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás: merezco también consideración y respeto.
Joaquín Argente
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