jueves, 17 de junio de 2010

Me doy permiso para

la espontaneidad y la autenticidad.

Me acepto plenamente en mis actos, gestos y palabras espontáneos: si me paso el tiempo calculando si hago lo correcto o reprochándome que me he equivocado, puedo llegar a la ancianidad sin haber vivido ni siquiera unos momentos de soltura y distensión.

Vivir significa decidir y actuar. Parte de esas acciones y decisiones no son las absolutamente idóneas. ¡No importa! Eso es la vida: no quedarse paralizados por miedo a equivocarse.

Espontaneidad y autoaceptación: al fin y al cabo, y con todos sus defectos, las personas más amadas y las que emanan un fuerte magnetismo que atrae, son las que viven espontáneamente!

Joaquín Argente

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