sentirme capaz. Me doy permiso para no recurrir con tanta frecuencia a los demás con el propósito de que me resuelvan pequeños problemas cotidianos: en el trabajo, en la familia o con los amigos. Y decido no preguntar tanto a los otros sobre cómo resolver muchas de esas pequeñas o grandes cuestiones.
Me permito explorar yo mismo, interrogarme, probar, descubrir, resolver numerosos asuntos en los que no necesito depender de nadie.
Joaquín Argente
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