Muchas de las enfermedades y angustias que sufrimos en la vida cotidiana tienen una causa realmente muy simple: estamos sobrecargados.
No nos educaron para saborear la vida y disfrutarla, sino para llevar un pesado fardo psicológico y físico de supuestas obligaciones: "Deberías hacer esto", "Tendrías que actuar de esta forma", "Has de ser correcto", "Hay que hacerlo todo lo mejor posible", "Deber ser perfecto y sin contradicciones".
Eso nos dijeron. Y muchas más órdenes.
Son demasiadas exigencias que hemos convertido en autoexigencias.
Pero es simplemente imposible responder a tanta orden interior y exterior sin derrumbarse de agotamiento.
Se trata, pues, de empezar a permitirnos echar lastre por la borda, andar más ligeros. La vida es breve -¡y tan breve!- pero es un camino radicalmente bello. Cuando una persona comienza a tirar peso, a rechazar tantas órdenes exteriores que no se corresponden con sus anhelos profundos, le cambia incluso el rostro: se la ve rejuvenecer.
Joaquín Argente
Será todo un placer ver como liberas carga de tu barco cogiendo velocidad hacia tu destino, pero no corras demasiado, me gustaría poder navegar cerca...
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